Los jóvenes y los seguros de decesos. Opciones de contratación

Juventud, divino tesoro, decía Rubén Darío.  No vamos a hablar ahora de las muchas ventajas que entraña ser joven porque no tendríamos suficiente espacio en este post, pero sí en lo que respecta al ámbito que nos ocupa, el de los seguros.

La contratación de un seguro de decesos no es la preocupación principal entre los jóvenes, que por fortuna ven la muerte muy de lejos, pero no quiere decir que no sea recomendable. Al fin y al cabo, mal que nos pese estamos expuestos a fallecer en cualquier momento, pese a que el riesgo a edades tempranas sea mucho menor.

Supongamos que cuando aún somos jóvenes (veintitantos, treintaytantos) nos decantamos por contratar un seguro de decesos. ¿De qué ventajas disfrutaríamos con respecto a la opción de suscribir una póliza más adelante?

Principalmente, el ahorro en el precio a pagar anual. Obviamente, al  ser menor el riesgo de fallecimiento que cuando se tiene una edad más avanzada, las primas son inferiores. Las aseguradoras que trabajan el ramo de decesos suelen baremar unas tarifas en función de la edad del asegurado. La prima se va incrementando a la medida en la que cumplimos años, por lo que de jóvenes pagamos una cantidad menor que cuando vamos haciéndonos mayores.

La modalidad de pago recomendada cuando el contratante es joven (aproximadamente hasta que haya cumplido los 40 años) es sin lugar a dudas la de contratar un seguro a prima natural. A menor edad, menor riesgo y menor coste del seguro; a mayor edad, lo contrario. Por eso, en esta modalidad el cliente empieza pagando una prima muy reducida que va incrementándose con el paso de los años.

Por supuesto que existen otras opciones de pago para los jóvenes, como la que ofrecen los seguros a prima nivelada, con una cantidad fija que permanece inamovible pese al transcurrir del tiempo. Como es lógico, esta cantidad es más baja si el seguro se contrata a los 35 años que si se suscribe a los 55, por ejemplo. Las primas a pagar durante los años de juventud resultan más altas, y se mantienen durante toda la vida, siendo más baratas cuando somos mayores y nos compensa abonarlas a un precio mucho menor.

Las aseguradoras también pueden poner a disposición del cliente otras opciones de pago, como la mixta o la seminatural. Lo importante de todas maneras es que cualquier persona joven puede contratar una póliza de decesos. Como en cualquier otro tipo de seguro, la edad mínima de contratación coincide con la mayoría de edad, los 18 años.

 

¿Y si se es demasiado joven?

Si se es demasiado joven, lo primero que hay que hacer es olvidarse de los seguros y disfrutar de la vida sin las preocupaciones de los adultos. Ya se encargarán ellos de valorar qué es lo mejor para nosotros, y también en materia aseguradora.

Porque sí, los menores de 18 años también pueden estar protegidos por un seguro de decesos, pese a que no puedan contratarlo ellos. Sus coberturas son las mismas de las que presenta cualquier póliza de decesos para adultos, aunque los precios son obviamente muchos más reducidos.

Los seguros de decesos para niños no suelen venderse como un producto separado, aunque algunas compañías ofrezcan esa posibilidad. Lo habitual es que las aseguradoras ofrezcan la opción de incluir a los menores de edad en un seguro de decesos familiar, junto al resto de los componentes de la familia.

Contratando este producto -una práctica por cierto muy frecuente en nuestro país- se puede elegir la modalidad por cada persona asegurada y se dispone habitualmente de un importante número de garantías para todos los miembros de la familia. Y además, existe la posibilidad de incluir a los niños recién nacidos en el mismo, como es lógico previa comunicación con la compañía de seguros por la que hayamos apostado.

Ni el amor, ni la muerte ni los seguros de decesos tienen edad. Bebés o ancianos de 90 años, todos pueden estar cubiertos por un producto de este tipo. A nuestro juicio queda (si hemos cumplido la mayoría de edad) decidir cuál es la modalidad que más compensa contratar y, sobre todo, cuál es la edad a la que lo hacemos, la firma por la que apostamos y qué manera de pago elegimos.  El sector asegurador nos ofrece de nuevo un amplio ramillete de posibilidades de elección.