La localidad de residencia, un factor clave en el precio del seguro de decesos

Dentro de España, ser mileurista (o dosmileurista) en una ciudad grande como Madrid, Barcelona, Zaragoza, Sevilla o Bilbao no es, ni mucho menos, lo mismo que en una localidad pequeña o incluso en un pueblo. Desde los gastos elevados, como la hipoteca o el alquiler de una casa, hasta los pequeños, como tomar unas cañas, ir al cine o pagar un parking, el precio de la vida es muy diferente entre unos lugares y otros.

La ubicación determina que personas con los mismos ingresos, pero distinto lugar de residencia, se encuentren en circunstancias económicas diferentes, desde ir holgados a apurados en su día a día. Sin ánimo de comenzar una disertación sobre las bondades y las complicaciones de residir en un sitio u otro, lo cierto es que los altos costes son uno de los peros de vivir en una ciudad grande y los reducidos una de las ventajas de hacerlo en una población menor.

Si el precio de la vida es diferente entre unos lugares y otros, algo muy similar ocurre con el precio… de la muerte. Porque los costes derivados del fallecimiento de una persona varían mucho de una población a otra en nuestro país. Especialmente a causa del coste de los servicios funerarios, el factor en el que se registran unas mayores diferencias económicas.

La Organización de Consumidores y Usuarios, la OCU, realizaba recientemente un estudio que determinaba que el precio medio de un entierro se situaba en España en torno a los 3.500 euros. Ciudades como Cuenca o como las capitales canarias, Tenerife y Las Palmas, registraban precios bastante económicos, pero en otras, como las catalanas Tarragona y Barcelona, la suma promedio de los gastos era de unos 6.000 euros.

Otro de los datos destacables es la importante diferencia de precio entre las diferentes ofertas dentro de una misma ciudad, habitualmente en las urbes con una gran cantidad de población, con un margen que puede llegar a rozar los mil euros entre unas y otras. Y es que existen numerosas partidas de gastos cuando se produce una muerte, desde el ataúd y el alquiler o la compra de nicho en un cementerio (o la incineración, opción que cada vez eligen más personas) hasta el traslado en coche fúnebre, el tanatorio, las flores y esquelas, los ritos religiosos o civiles, los gastos administrativos…

Eso, sin obviar el importante gasto que pueden suponer ciertos traslados, pues frecuentemente el lugar de fallecimiento no coincide con el del entierro o la incineración. Y esa es una partida que puede ser muy elevada, según los casos. Ni qué decir tiene si el fallecimiento se produce en el extranjero. Si a eso le añadimos la dificultad que supone para los familiares la realización de gestiones en una situación anímica muy complicada y su deseo de evitarla en la medida de lo posible, es comprensible que en nuestro país, por ahorro y comodidad, mucha gente apueste por la contratación de un seguro de decesos.

 

La cadena continúa

En el ramo de los seguros de decesos, los precios, como es lógico, tienen que ver, y mucho, con el coste de los gastos fúnebres en cada lugar, con los que suelen ir en correspondencia. Las compañías de seguros son las encargadas de establecer el capital asegurado, el límite máximo que asumirán para los gastos de sepelio de su cliente. Hay que tener en cuenta que, una vez sobrepasado ese límite, el tomador del seguro o los familiares del fallecido deberían hacerse cargo de la diferencia.

A grandes rasgos, las compañías aseguradoras utilizan dos baremos para calcular el capital asegurado -o de servicio- en las pólizas de decesos. Una opción es la de establecer un capital que se adapte a cada localidad… o incluso a diferentes códigos postales dentro de cada población, y decidir los precios en consecuencia; la otra posibilidad es la de calcular la suma asegurada en función de la provincia del asegurado.

 

Actualización de capitales

Como los precios de la vida cambian constantemente, las aseguradoras deben adaptarse a ellos registrando en los contratos una actualización de capitales, con el fin de que las cantidades establecidas en un principio no queden obsoletas con el paso del tiempo. El cliente deberá conocer, por supuesto, con cada renovación si se ha producido una actualización de capital en la póliza que tiene contratada.

Por supuesto, a la hora de contratar el precio de un seguro de decesos entran en juego otros factores, como la edad del tomador de la póliza. Pero es una realidad que la ubicación geográfica es un elemento determinante en la prima a pagar por el seguro de decesos que elijamos suscribir. Como siempre, informarse bien a priori es la mejor práctica que podemos llevar el cabo para no llevarnos en un futuro sorpresas desagradables.