Protegiendo al mejor amigo del agricultor: seguro para vehículos agrícolas

En las últimas décadas el sector agrario ha sufrido un descenso importante en España, tanto en su peso dentro del PIB como en el número de trabajadores que se dedican a él. Pero, por fortuna, continúa todavía siendo una de las grandes bases  de nuestra nutrición, sirve para proveer de alimento a millones de personas y da trabajo a varios cientos de miles sólo en nuestro país.

De esos cientos de miles muchos cuentan con maquinaria agrícola, desde un tractor a una cosechadora pasando por una vendimiadora o un remolque. Instrumentos que les ayudan a realizar de una manera mucho más eficiente su labor, herramientas indispensables para el trabajo que se acaban convirtiendo en sus amigos inseparables. Dada la situación, no es de extrañar que muchos agricultores incluso acaben poniéndole nombre a sus fieles compañeros de fatigas.

Los vehículos agrícolas no tienen absolutamente nada que ver con el resto de vehículos, ni en las características ni en el modo de uso ni en el fin para el que se utilizan, y por eso cuentan con seguros propios que tienen en cuenta sus condiciones particulares. Comparten con los tradicionales –aunque… ¿qué puede haber más tradicional que un tractor?– varias de sus coberturas, aunque cuentan con otras garantías de cosecha propia, nunca mejor dicho. Hablemos pues de los seguros para vehículos agrícolas.

 

Principales coberturas

En primer lugar, un clásico en toda póliza de este ramo: la responsabilidad civil, cobertura de suscripción obligatoria que cubre los daños y perjuicios causados a personas y bienes que contempla la legislación.  Puede ampliarse a voluntad ante la posibilidad de que se excedan los límites de cobertura.

Otra garantía que no debería faltar en todo seguro agrícola que se precie es la de defensa jurídica y reclamación de daños, pudiendo incluir además el depósito de fianzas penales.

Un seguro completo de vehículos agrícolas debería responder también de los gastos derivados de los accidentes corporales sufridos por el conductor de la maquinaria, teniendo en cuenta incluso los casos más graves (fallecimiento, gran invalidez o invalidez permanente absoluta). E incluso puede contemplar una indemnización diaria por cada día que se pase en el hospital después de un accidente de circulación.

Por supuesto, una póliza de este ramo tiene que amparar los daños por robo o intento de robo, e incluso la pérdida del vehículo agrícola. Y también responder ante la rotura de lunas, reparando o sustituyendo las piezas dañadas, e incluso dar cobertura ante una situación de siniestro total del vehículo asegurado.

Otra de las coberturas indispensables es la de incendio, que sirve para ocuparse de los daños sufridos a causa de esta circunstancia o de otras como una explosión, un cortocircuito o incluso la caída de un rayo. Una amplia garantía anti-incendio puede hacerse cargo también, en caso de que se necesite, de los gastos de salvamento.

 

Daños propios, un mundo en sí mismo

La garantía de daños propios, que no debe faltar nunca en un seguro de vehículos agrícolas, es un mundo en sí misma pues puede abarcar una gran cantidad de supuestos, desde los más frecuentes a algunos poco probables que, sin embargo, podrían llegar a suceder. Prácticamente todas las circunstancias, a excepción de una invasión extraterrestre, forman parte de este grupo de coberturas.

Entre estos supuestos está la colisión con otros vehículos; el choque con personas, animales o cosas; el impacto de piedras, granizo u otros objetos; el vuelco o la caída a zanjas, terraplenes, cursos de agua, lagos o mares; la caída de árboles, postes, líneas eléctricas y de servicios; los daños a causa de corrimientos de tierras y hundimientos de terrenos, carreteras, puentes o edificaciones; y, en general, cualquier fenómeno de la naturaleza a excepción de que se produzca una catástrofe nacional.

Y, ya que por desgracia en ocasiones el hombre es un lobo para el hombre, esta cobertura contempla también las situaciones de vandalismo ajeno, incluido el que provoque daños con motivo de concentraciones de personas, manifestaciones y huelgas.

Como tampoco los trabajadores agrícolas están libres de poder hacer daño a terceros en el desarrollo de su labor, aunque sea involuntariamente, en estos seguros entra en juego otra garantía importante. Se trata de la de responsabilidad civil derivada del trabajo, gracias a la cual se garantiza el pago de las indemnizaciones que deban abonarse a cargo del asegurado o el conductor autorizado en caso de que sean declarados civilmente responsables de los daños causados a otros al realizar su labor profesional.

En los seguros a todo riesgo, además, se protege al tractor (cosechadora, o vendimiadora, etcétera) ante los males sufridos en cualquier circunstancia: no sólo durante el desempeño de sus funciones, en circulación o durante su transporte, sino incluso también cuando el vehículo está en reposo.

Si nos interesa contratar un seguro de vehículos agrícolas, entre las garantías complementarias tal vez podamos encontrar algunas como la de riesgos extraordinarios, con el fin de que tanto el vehículo como las personas que vayan en él cuenten con una mayor cobertura;  o incluso una garantía que ofrezca un subsidio para el conductor o conductores designados en la póliza en caso de retirada del permiso de conducción.

Opciones, como siempre, hay muchas, y también en este tipo de productos aseguradores. Por ello, si se es agricultor hacerse con un buen seguro es la mejor manera de proteger nuestro negocio y cuidar de nuestro mejor amigo en el campo.