Planes de pensiones de renta fija: la tranquilidad de invertir sin sobresaltos

En uno de nuestros anteriores posts ya explicamos en qué consisten los planes de pensiones privados, cuál es su función, de qué manera pueden complementarse con los públicos y cuáles son sus principales clases, atendiendo a múltiples factores. Uno de los esenciales respondía a la política de inversión por la que se apostase, que redunda significativamente en la rentabilidad que pueden obtener los titulares.  Hoy vamos a centrarnos en los planes de pensiones de renta fija.

Los planes de pensiones de renta fija son los más indicados para aquellas personas más conservadoras y menos amantes del riesgo, así como para quienes ya han pasado la cincuentena y ven cercana, a tan sólo unos pocos años de distancia, la edad de la jubilación. O también, simple y llanamente, para todos aquellos que pretendan diversificar el ahorro para su jubilación.

Los planes de renta fija ofrecen un riesgo pequeño -lo que no debe confundir a quienes los suscriban pues el riesgo cero no existe-. Una tranquilidad que, eso sí, aporta una baja rentabilidad. Eso sucede especialmente en el caso de los planes de renta fija a corto plazo, en los que habitualmente se combina este tipo de renta con activos monetarios que estén disponibles en España.

En esta clase de planes la política de inversión establece que los activos del fondo de pensiones se invierten en productos de renta fija con una duración que resulte inferior a los dos años, como pueden ser las Letras del Tesoro. Ni qué decir tiene que nunca invierten en Bolsa. La rentabilidad, como apuntamos anteriormente, resulta estable y no suele variar demasiado, (por lo que como inversores sería raro que nos encontrásemos con una sorpresa negativa), pero la apuesta cortoplacista obliga a invertir en productos con tipos de interés bajos que lógicamente reportan una rentabilidad escasa al cliente, y que incluso puede convertirse en ligeramente negativa en un escenario de tipos de interés muy bajos.. 

En cuanto a los de largo plazo, la inversión se centra en los activos que tienen una duración superior a los dos años, como es el caso de las Obligaciones o de los Bonos. Este plazo más elevado de vencimiento se convierte en un arma de doble filo, pues a pesar de que ofrece una rentabilidad superior también presenta un mayor riesgo, a causa de las fluctuaciones que experimentan los tipos de interés. Crecen ligeramente los peligros de que el bono pierda valor en el mercado secundario de deuda, y eso supone que la emoción resulte más elevada para el cliente. Sin llegar, claro está, a la que puede generar tener acciones en la Bolsa y someterse al capricho de sus múltiples y vertiginosas subidas y bajadas.  

Explicando una contradicción

En este punto, por todo lo ya indicado, ya habréis observado que el término planes de renta fija encierra una contradicción, ya que en realidad la rentabilidad que se ofrece en estos mercados es variable. Lo explicamos: se llaman de esta manera porque mediante ellos se realizan préstamos a plazo fijo -a cambio de un interés- a una entidad determinada, bien se trate de un organismo público, de una empresa privada o incluso del Gobierno de una nación. 

Para el interesado es recomendable, de cualquier manera, realizar un trabajo de documentación previo para, conociendo de qué manera se gestionó el riesgo tanto en los periodos de bienestar como en los de crisis, tener una cierta idea de qué fondos de pensiones se comportaron mejor y cuáles pueden ser los más rentables y/o seguros. 

Además, hay que tener en cuenta dos factores positivos: el hecho de que el traspaso de las inversiones es posible y la seguridad de que, a efectos de IRPF, éstas no deben declararse hasta que no se rescaten. Un buen planteamiento de partida para el inversor es tener la flexibilidad suficiente para ser capaz de traspasar las inversiones de renta fija de corto a largo plazo y viceversa; o de disminuir o incrementar el porcentaje invertido en este mercado. 

El futuro no está escrito

Por último, hay que hacerse a la idea, incluso en el caso de las personas que deciden suscribir planes de pensiones más conservadores (como el que nos ocupa en estas líneas) que por más que nos informemos y documentemos, este tipo de productos  va a estar afectado por factores no previsibles. El futuro no está escrito, y con información, experiencia e intuición podremos suponerlo o preverlo con una mayor eficacia, pero nunca conocerlo. 

Asumir esa realidad es el principal precepto para los interesados en contratar un plan de pensiones. Una vez tomada esa decisión, un plan de renta fija es, como habrán adivinado ya, una buena manera de invertir en nuestro futuro evitando excesivos sobresaltos, ni positivos ni negativos.