¿Qué cubre el seguro obligatorio del coche?

El sector asegurador no obliga a nadie, únicamente pone a disposición de sus clientes una gran variedad de opciones de protección y servicios en caso de que estos así lo consideren, precisen o necesiten. El foco está siempre en el individuo, pues cada persona tiene la potestad de decidir si contrata o no prácticamente cualquier seguro de la rama que sea.

Sin embargo, existe una excepción a la norma: en caso de que una persona disponga de un vehículo particular a su nombre no tiene ninguna elección: sí o sí debe disponer de un producto, el seguro obligatorio de coche.

La obligatoriedad de su contratación no es caprichosa, pues sirve principalmente para proteger al resto de conductores, peatones y vehículos. No en vano el seguro obligatorio de coche también es denominado como seguro de responsabilidad civil o seguro a terceros, nombres que ya nos dan una pista de su utilidad. Profundizaremos un poco más en sus coberturas -y en sus exclusiones– con el fin de comprender mejor su razón de ser.

Coberturas del seguro obligatorio

El seguro obligatorio, el más básico dentro de los seguros de coche, se hace cargo del coste económico de los daños que el asegurado pueda causar como conductor a terceras personas y a sus bienes en caso de que sea quien provocó un accidente. De este modo facilita que los afectados reciban su correspondiente indemnización; y no sólo los peatones o quienes viajasen en otro coche, sino el resto de ocupantes del propio vehículo. También cubre los daños provocados en la vía pública, como por ejemplo una señal de tráfico destrozada o un cristal roto de un establecimiento a pie de calle.

De cualquier manera la cuantía de las indemnizaciones, aun resultando muy amplia, no es ilimitada pues cuenta con unos márgenes económicos. La normativa española establece una responsabilidad de hasta 70 millones de euros por siniestro en el caso de los daños personales y de hasta 15 millones en lo que respecta a los daños en bienes, los ocasionados a animales o cosas. La responsabilidad civil voluntaria, presente en algunos seguros a terceros, permite ampliar los límites monetarios para ambos tipos de riesgos y resulta de utilidad cuando la cuantía máxima exigida por ley es insuficiente para poder reparar el daño causado o las obligaciones legales derivadas del mismo.

Exclusiones del seguro: qué no cubre

Para conocer en qué circunstancias cubre un seguro ayuda también saber en cuáles no lo hace, las famosas exclusiones, que en algunos casos resultan evidentes pero en otros no lo son tanto.  

Antes citábamos que el seguro a terceros contempla también los daños a los ocupantes del vehículo que causa un accidente, pero en cambio no se hace cargo de los causados a sus bienes en el caso de parientes cercanos al conductor, familiares de hasta un tercer grado de consanguineidad.

Existen varios supuestos en los que el seguro obligatorio no cubre al conductor -como, por cierto, tampoco lo haría uno a todo riesgo: en caso de que éste haya provocado un accidente en estado de embriaguez o bajo los efectos de cualquier droga, si ha realizado modificaciones ilegales en el vehículo o si ha efectuado cualquier cambio importante que no se haya comunicado. En estos casos la compañía de seguros se hará cargo en un primer lugar de la indemnización a los perjudicados, pero posteriormente repercutirá el coste a la persona asegurada amparada en el conocido como derecho de repetición. Ello evita que paguen justos por pecadores mientras se mantiene el resarcimiento a la parte perjudicada.

Imaginemos, por último, que tenemos un siniestro con un vehículo que circula sin seguro. En este caso, al no existir compañía de seguros que cubra los daños causados intervendría el Consorcio de Compensación de Seguros que se haría cargo de resarcirte, y luego se encargaría de exigir al conductor el dinero abonado.